• Skip to primary navigation
  • Skip to content
  • Skip to primary sidebar
  • Skip to footer

649 83 10 33

hola@evateba.com

  • LinkedIn
  • Twitter
  • YouTube
Eva Teba

Eva Teba

La web de Eva Teba, en donde te contaré cuál es mi visión de la nueva educación

  • Inicio
  • Quién soy
  • Blog
  • Tienda
Contacto

Educando para la regeneración del territorio: un post sobre incendios, educación y Pedagogía de la Reconexión.

¿Cómo convertir una experiencia traumática en esperanza activa y educación transformadora? En Educando tenemos una receta: la Pedagogía de la Reconexión.

04/09/2025 by Eva Teba 2 Comments

Cercados por el fuego.

Tengo la certeza de que no olvidaré nunca lo vivido en muchas regiones de España durante este mes de agosto de 2025 que acabamos de cerrar, con decenas de incendios devorando todo a su paso en tantos lugares del país. Escribo esta nueva entrada a mi blog transitando aún desde la rabia y la tristeza que me han inundado en las pasadas semanas. Haciendo el duelo por los territorios calcinados, por sus gentes luchando por salvar sus paisajes, su biodiversidad, sus tradiciones y formas de vida, sus hogares, sus animales, sus recuerdos… luchando también con la incertidumbre y la impotencia de ver cómo nada ni nadie era capaz de parar la voracidad de los fuegos. Todos los expertos climáticos lo habían advertido: iba a ser un verano complicado tras un invierno y una primavera abundante en lluvia, que habían hecho crecer abundantemente el pasto y los matorrales, en un campo y un monte donde en muchos casos no se habían llevado a cabo tratamientos silvícolas de calado y en los que las administraciones habían olvidado “hacer sus deberes” de prevención más básicos. Y a eso había que sumarle las horquillas de temperaturas anormalmente altísimas que hemos tenido desde Junio, con un calor insufrible que ha secado todo rápidamente. 

Después ha llegado este desastre de 358.000 hectáreas calcinadas desde el 8 de agosto, que se suman a las que ya se habían quemado en los meses previos. En estos momentos, el saldo es demoledor: se han estimado más de 412.000 hectáreas arrasadas en lo que llevamos de 2025, batiendo un penoso récord de superficie ardida en lo que llevamos de siglo XXI. La extensión aproximada que hemos perdido entre las cenizas es equivalente a la que tiene la isla de Mallorca completa…

Aún hay que añadir otro dato más a este triste balance. Junto con los incendios que asolan también a nuestro vecino Portugal, la Península Ibérica acumula el 66,8% de hectáreas quemadas en 2025 en la Unión Europea

Todo esto que cuento no son simplemente cifras, datos y noticias publicadas en medios, que le puedan servir a un profesor de matemáticas para generar un tétrico enunciado de problemas estadísticos. Tampoco son hechos aislados o que sucedan solo en España, aunque son cuestiones muy preocupantes en un país como el nuestro, que se desertifica a marchas forzadas y que ya tiene, según datos del MITECO, en torno al 75% de su territorio en riesgo de aridez real. Cifra aún más grave si tenemos en cuenta que somos un país en el que la producción agroalimentaria (que depende, entre otras cuestiones, de la salud del suelo) representa en torno a un 9% del PIB del país.  

Me pregunto cuánto se habla de esto en nuestras aulas con el alumnado en las clases de Biología, de Economía, de Geografía o de Ciencias Sociales; en cuántas Situaciones de Aprendizaje va a trabajarse lo sucedido este verano, y si se hace reflexionar a nuestros estudiantes sobre lo que esto significa para su propio presente y futuro. Recuerdo a los lectores de este blog, que suelen pertenecer al gremio educativo, que la ley vigente en España, la LOMLOE, tiene entre sus ejes temáticos destacados y diferenciales la Educación para el Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Global, y que, según la nueva ley de FP, el módulo de «Sostenibilidad aplicada al sistema productivo», es obligatorio en los ciclos de grado medio y superior en España desde el curso 2024-2025… 

Pero vuelvo a los incendios. En un planeta que sufre las consecuencias cada vez más obvias del cambio climático, ningún lugar está a salvo de fuegos de estas dimensiones. Hace unos meses, en enero del 2025, mi amiga Jocelyn tuvo que abandonar con su familia y a toda prisa su casa de Pasadena, en California, por un incendio voraz. Escuchar su experiencia entonces y ver las fotos de lo que se divisaba por su ventana, de madrugada, antes de salir huyendo, ponía los pelos de punta a cualquiera. Antes había acompañado el dolor de otras personas muy cercanas y queridas que sufrieron de cerca las llamas. Mientras escribo, recuerdo los incendios de 2019 en la isla de Gran Canaria, (con qué tristeza me contaban los amigos del colegio Jaime Balmes qué cerca había estado el desastre de alcanzar sus pueblos…) y los más recientes en Tenerife, en el 2023, que con sus casi 15.000 hectáreas ha sido el peor incendio registrado en la isla en las últimas cuatro décadas. Tengo grabada en la retina cómo mi querida amiga Natalia me narraba la pesadilla casi con lágrimas en los ojos, mientras caminábamos por las calles de su Candelaria natal… 

Lo que no sabía entonces es que yo misma iba a experimentar una vivencia similar solo un tiempo después. Bien pensado, como dijo mi amigo Rober el día de autos, era solo cuestión de tiempo que sucediera en nuestro territorio, porque las posibilidades eran muy altas, tal y como estaba el monte y con el abandono de las administraciones hacia los territorios…

Entre los días 16 y 19 de agosto a mi familia, amigos, vecinos y a mí nos ha tocado vivir uno de estos incendios, llamados de “sexta generación”, en primera persona. Las etiquetas con las que ha sido identificado son #IFCanalejas- Almanza (por el lugar donde se originó) e Incendio Forestal de Guardo , pues toda la comarca del que este municipio es cabecera ha sido también muy afectado. No ha sido el más virulento que ha asolado Castilla y León, hemos tenido relativa suerte… aunque se ha llevado por delante incluso la pedanía de San Pedro de Cansoles, y aproximadamente 5900 hectáreas de superficie, muchas de ellas de bosque. En cualquier caso, es el incendio más grave de la zona en muchas décadas, el que nos ha tocado vivir, sobre el que reflexiono hoy en clave educativa y que me ha enseñado mucho sobre la incertidumbre, la desinformación, el miedo, la impotencia, el desconsuelo… pero también sobre la solidaridad, sobre la gratitud, sobre el amor a la tierra y sobre la valentía, a ratos suicida, de enfrentarse con escasos medios al monstruo del fuego y de ponerse en marcha para la recuperación de lo perdido. 

El incendio comenzó la tarde del sábado 16 de agosto, por una negligencia humana exacerbada por las extremas condiciones climáticas… unos trabajos agrícolas en un horario en el que no estaba permitido trabajar con maquinaria pesada fueron el inicio del desastre. En menos de hora y media, el pirocúmulo que se había formado en el horizonte era monstruoso, visible desde muchos kilómetros a la redonda y presagiaba un gravísimo peligro para el área. El pinar de Riocamba, monte de Utilidad Pública n.º 934 de la provincia de León y al que muchas personas llaman cariñosamente “la Laponia española”,  no pudo escapar del fuego. 

Fotografías cedidas por Borja Barba

Evacuación, realojo y espera incierta.

En hora y media, el incendio ya se había tragado 1800 hectáreas. Durante la noche, desde el alto de Villalba, nuestro pueblo, el resplandor rojo era visible y provocaba pavor. Pronto nos llegó la noticia de que Guardo, una población de 5500 habitantes, quedaba confinada por la toxicidad del humo. Los vientos de más de 50 kms/hora que soplaron durante la mañana del 17 de agosto agravaron la situación rápidamente. 

A eso de las 5 de la tarde, las campanas de la iglesia empezaron a tocar a rebato, y tanto el alcalde como los concejales de Villalba, con el claxon y a voces desde sus coches que recorrían a toda velocidad las calles, nos avisaron personalmente de que debíamos desalojar a toda velocidad el pueblo y dirigirnos hacia el sur. 

Es complicado describir cómo te sientes cuando haces una maleta de urgencia en la que no sabes bien ni qué meter, sintiendo que quizás, cuando te dejen volver, puede ser que tu “rincón del mundo” haya desaparecido ante la voracidad del fuego. Este tipo de lecciones de autocontrol emocional no se enseñan en ninguna escuela ni en ninguna facultad universitaria. A cada uno le sale una reacción diferente, y es momento de claridad mental y manejarse del mejor modo posible, dadas las circunstancias. Cómo das órdenes a tus hijos, para ponerlos a salvo a ellos en primer lugar, a la vez que repasas, mentalmente, si hay alguna persona en el pueblo que no tenga coche con el que salir huyendo, o que pueda necesitar ayuda por su falta de movilidad o por tener una edad avanzada… Cómo intentas mantener la calma para recordar los consejos de precaución básicos al abandonar tu hogar en caso de incendio. Esos consejos que le escuchaste a Fran, tu vecino bombero en Madrid, hace apenas dos meses, en una charla de prevención a la que tuviste la fortuna de asistir. Baja las persianas, cierra las puertas de cada habitación para ralentizar la propagación del humo, el calor y el fuego, si entra en la casa. Apaga todo el cuadro eléctrico… y todo esto en cuestión de minutos, con la adrenalina disparada pero intentando respirar hondo para no poner más nervioso a todo el mundo a tu alrededor, que se afana como tú en hacer las cosas bien en medio del miedo y del caos. 

Luego, tras ir a la casa de tu madre y recogerla a toda prisa, salir de un pueblo cuyo monte no quieres mirar, porque la columna de humo ya tiene un espesor brutal, mientras los ojos y la garganta te arden y cuesta respirar; saber que otros dos pueblos cercanos también habían sido desalojados; la llegada al polideportivo de Saldaña; los rostros de tristeza, las lágrimas y nerviosismo de vecinos en medio de una desolación profunda por no saber qué desenlace tendría todo; la toma de decisiones sobre qué parte de mi propia familia se queda a ayudar a la gente del pueblo y quiénes vuelven a Madrid, nuestra primera residencia, ante la incertidumbre de la espera y del resultado del incendio… la noche de insomnio dando vueltas entre las camas de campaña, consultando las redes sociales, buscando y esperando noticias, que algunas personas exageran como incluso peores de lo que luego resultó, infoxicando, haciendo gala de una morbosidad que nunca compartiré ni entiendo en situaciones tan complejas… Ver que Javier, el alcalde de tu pueblo, y Carlos, tu primo que lleva gran parte del mantenimiento y que, van y vienen de reunión en reunión, con el rostro descompuesto, cuidando a la vez de tranquilizar a sus conciudadanos, de entender las órdenes de la cadena de mando y de informar puntualmente… Y luego, las fotos que alguien envía desde el pueblo mismo; alguien que ha decidido desoír las órdenes de evacuación y se ha quedado a pelear por su casa, por su vida y sustento. Fotos que muestran cómo está la situación durante la noche del 17 de agosto, cuando los medios aéreos no pueden trabajar en la extinción y ves el fuego acercarse más y más…y los intentos de los voluntarios de la Cruz Roja para reconfortarnos, en esas horas interminables, en medio de tanta pena, con una mirada, una sonrisa o un abrazo. Lo mejor del ser humano, que siempre llega en medio de las desgracias.

Regenerar te regenera. 

En medio de todas estas emociones que intento expresar con mi escritura, recuerdo también aquello que decía Gustavo Adolfo Bécquer en sus Cartas Literarias a una Mujer, concretamente en la segunda: “(…) por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo.” Aunque Bécquer se refería al sentimiento amoroso, muy diferente a la mezcla de dolor, tristeza y rabia que me inundan al rememorar esta vivencia, me aplico la frase. Cuando siento, no escribo. No sé cómo están saliendo estas líneas, que intento que sirvan a la causa de las culturas regenerativas en las que tanto creo. Una entrada de blog que quiere ser una contribución a la “Educación Transformadora” y a la “Pedagogía de la Reconexión” que defendemos en Educando, aunque aún esté sintiendo con excesiva intensidad todo lo sucedido y eso ralentice y lastre mi escritura… 

Hace unos días Miriam, una docente madrileña excepcional con la que llevo en contacto desde que impartí una formación sobre gestión del clima escolar en su centro, reflexionaba así ante lo sucedido: “Gran aprendizaje para llevar a las aulas, la pena de lo perdido y lo positivo de la respuesta del ser humano en la mayoría de las ocasiones.” Soy también muy consciente del poder sanador y terapéutico que tiene la escritura, así que continúo con este post extraño, que no parece lo más apropiado para un blog cuya temática principal ha sido siempre la educativa. Escribiendo, busco sentir gratitud por todo el aprendizaje que me ha dejado esto, convertir enfado y tristeza en regeneración y compartir con otras personas estas reflexiones por si pueden convertirlas en acción educativa. Esa es mi manera de contribuir y el camino que elijo. Porque, como dicen mis compañeros de la red de Educadoras en Paisaje de la Fundación Paisaje , “Regenerar te regenera”. 

Sentir gratitud, honrar el dolor, ver con nuevos ojos y ponerse en camino.

Una de las autoras que más me han inspirado en los últimos tiempos para transitar desde la tristeza a la regeneración de la que hablaba en los párrafos anteriores es Joanna Macy. Conocí el legado y el pensamiento de esta ecofilósofa, erudita budista y activista hace relativamente poco tiempo, en 2023, gracias a una sesión de Alberto Rico en un posgrado sobre “Educación Transformadora” que yo estaba cursando ese año. Joanna Macy ha fallecido justo este verano, el 19 de julio. Sin embargo, estoy segura de que sus enseñanzas van a continuar sanando mucho a la Humanidad en el momento de transición en el que nos encontramos, al que ella ha bautizado como “El Gran Giro” (The Great Turning). Macy, al igual que otros autores como Zygmunt Bauman, que habló de la “modernidad líquida”, usa una metáfora muy potente para hablar de estos tiempos de incertidumbre total, en medio de crisis sociales, ecológicas y de valores humanos sin precedentes. Dice que estamos “en un espacio sin mapa”, en el que hay que pensar juntos en nuevas formas de ser, estar y actuar si queremos sanar este mundo maltrecho para transitar hacia una tercera revolución de los tiempos humanos, que será una nueva época verdaderamente sustentadora de vida, capaz de satisfacer nuestras necesidades sin hipotecar el futuro común. Y, por supuesto, los educadores tenemos un papel primordial que cumplir en esta tarea. 

Para navegar por este espacio BANI (Brittle, Anxious, Non-Linear, Incomprehensible) y hasta que logremos evolucionar, Macy nos dejó una especie de brújula: su metodología llamada el “Trabajo que Reconecta”, y el concepto de “Esperanza Activa”. El “Trabajo que Reconecta” es como una caja de herramientas, una serie de prácticas y dinámicas que nos ayudan a transformar la angustia por el mundo en acción constructiva y colaborativa. No es un proceso lineal, pero sí tiene una serie de momentos a los que podemos volver una y otra vez. De hecho, Macy los representa como una espiral.

Imagen de Alberto Rico Trigo

Inspirada por prácticas ancestrales, Macy nos recuerda la importancia de reconectar con nuestra raíz más humana, con la gratitud, pues todo trabajo para la reconexión viene del reconocimiento y el aprecio por la vida que nos sostiene, e insiste en que la gratitud es la raíz de la alegría que necesitamos para ponernos en camino y sanar. La gratitud nos da la fuerza y la resiliencia para lo que sigue más tarde en la espiral. Es casi un ejercicio revolucionario, disruptivo, no empezar por el análisis o la descripción de los problemas y las crisis que nos rodean, sino volver a tomar conciencia de que tenemos más que de sobra para sustentar nuestra vida, y dar gracias por ello. Es también un momento de revalorización de lo nuclear, lo verdaderamente importante: el aire que respiramos y el oxígeno que nos proporcionan las plantas y los árboles; el agua que nos hidrata y nutre; la tierra que nos da sustento… frente al discurso predominante de la sociedad industrial, que nos quiere hacer creer que el consumo compulsivo y constante nos hará felices. A mí, desde luego, me hace mucho más feliz contemplar el agua que corre por el río Carrión, ver borbotar los manantiales y calmar mi sed con sus aguas, a los pies del Espigüete, en Puenteagudín; dejarme salpicar por las espumas de la Cascada de Mazobre; pasear con mi familia y amigos por los bosques del territorio, escuchar el susurro de las hojas de los álamos cuando sopla el cierzo y respirar el aire puro de alta montaña que ha quedado temporalmente contaminado por los incendios de estos pasados días. Y mientras escribo esto, me pregunto si trabajamos suficientemente la gratitud en nuestras aulas con un alumnado que busca, a veces con urgencia, motivos para sentirse alegres, confiados y esperanzados, en medio de una infoxicación que les agrede a diario con titulares e imágenes que quitan las ganas de creer en el futuro de la humanidad.

El segundo paso de la espiral para Macy consiste en honrar el dolor, dar espacio a la expresión de los sentimientos difíciles. Porque ese dolor y esa pena, como los que hemos intentado narrar en las secciones anteriores de este post, no son signo de debilidad, sino una evidencia de nuestra conexión fundamental con la vida. Tampoco me parece que demos excesivo espacio ni tiempos en las aulas para compartir lo que nos duele y nos angustia, y eso supone, a mi entender, un peligro grande en los tiempos que corren. Para Macy el verdadero peligro está en la apatía, en el “encogerse de hombros” y la actitud de “no puedo hacer nada”. Esto es algo que lamentablemente veo en bastantes estudiantes, junto con una sensación de impotencia y de vacío. De estas emociones, conectadas con la ecoansiedad y el informe “Jóvenes y Medioambiente 2023”, hablé por cierto al final de este otro post  https://evateba.com/al-nino-lo-educa-la-tribu-ii/

Macy insiste en que anestesiarse nos resta capacidad de regeneración y nos vence antes de empezar siquiera a intentarlo. Tampoco vale reprimir ese dolor, porque esto nos aísla, nos paraliza, nos separa de los otros y nos anula. Es mejor compartir esa tristeza en comunidad, reconocer que el mundo, tal y como está ahora, nos duele a muchos, y al compartirlo así, liberarnos y soltar “lastre”, para ponernos en marcha.

Cuando hayamos honrado nuestro dolor y hayamos entendido que la vulnerabilidad nos hace más humanos y nos reconecta con la Vida, será el momento de avanzar al siguiente punto: Mirar con nuevos ojos. Es como un “click” mental, una toma de conciencia en el que el concepto más importante es el de Interser, del que, por cierto, también habla el maestro zen Thich Nhat Hanh, recordando que no somos, sino que “inter-somos”. No estamos solos en este mundo en que a veces nos bloquean y aíslan la tristeza y el dolor. Nada ni nadie existe de forma aislada. Todo surge en interdependencia con lo demás, sea la Naturaleza de la que somos parte, sea la familia humana. Somos simplemente nodos en una red inmensa de Vida y por eso nuestro propósito fundamental es velar por ella, generar las condiciones propicias para que todos los seres la disfruten sin comprometer el futuro, y así evolucionar hacia ese Gran Giro del que habla Macy.  Ese “mirar con nuevos ojos” es algo que los educadores también podríamos practicar más en las aulas, para ofrecer opciones más halagüeñas, más esperanzadoras, y de cuidados mutuos, desde el concepto de Interser.

Ilustración de Susana Vázquez Tavares

Pero el paso definitivo en la espiral de Macy es ponerse en camino hacia el Gran Giro, para lo cual la autora destaca tres dimensiones: La primera dimensión engloba todas aquellas acciones de contención para frenar el daño que ya hemos causado a la vida; la segunda dimensión será la creación de estructuras y sistemas alternativos que puedan contribuir a la regeneración de lo que nos rodea, y la tercera, quizás para mí la más importante, que se produzca un cambio profundo de conciencia y de valores en cada uno de nosotros, porque solo así podremos hacer realidad esta evolución (o revolución) que nuestro mundo necesita. 

Macy nos habla del concepto de Esperanza activa como práctica consciente, como elección de cada uno de nosotros, no como una esperanza vacía de propósito y acción. El mundo BANI no nos ofrece garantías ni certezas de que vayamos a lograr la regeneración que necesitamos, pero sin ponerse en camino no habrá opción ninguna. Así que Macy nos invita a mirar la realidad de frente y sin adornos, por mucho que nos duela; elegir la intención donde pondremos nuestra energía, identificando para ello la dirección y los valores deseados en esa intención, y actuar, sobre todo, usando dos armas: la compasión y la interdependencia. Desde luego, considero que son dos pilares poderosísimos para caminar en la vida, que podrían transformar la sociedad en breve espacio de tiempo, si los ponemos decididamente a funcionar en las comunidades educativas y en las aulas.

La Pedagogía de la Reconexión como oportunidad educativa ante la devastación.

Desde hace un tiempo, en Educando hemos recogido muchas de las enseñanzas de Joanna Macy, así como de otros autores “regenerativos”, que nos han ayudado a repensar hacia dónde camina la educación en estos momentos de transición e incertidumbre, los tiempos BANI. El resultado ha sido la conceptualización de lo que hemos llamado la Pedagogía de la Reconexión, con sus tres ejes: la reconexión con uno mismo, la reconexión con los demás, y la reconexión con la naturaleza de la que formamos parte y con la que somos uno. Para las personas que forman el equipo de Educando, esta forma de entender la educación representa un compromiso por una sociedad más despierta y unida. Cada paso colectivo en esta dirección, cada comunidad educativa que integra estos tres ejes en su quehacer diario, está sembrando las bases de un mañana que sustenta la vida, más equilibrado y esperanzador. Lo vivido durante los incendios de este verano es, efectivamente y como recordaba la profesora Miriam, una excelente oportunidad vital y educativa para practicar las tres reconexiones, superando el dolor y la pena que a mí, personalmente, me han tenido bloqueada durante muchos días. 

Reconexión con uno mismo. Lo vivido me ha permitido ahondar en lo que siento en el cuerpo, en el corazón y la mente y darme cuenta de mi ritmo lento, naturalmente lento, para poder procesar lo sucedido en este agosto agotador, del que aún me recupero. Reconectarme conmigo misma me ha hecho rendirme a la evidencia de que no todo el mundo supera las desgracias con la misma celeridad, y me permito esa postración, en un ejercicio de autocuidado, sin machacarme más por ello. He podido ahondar en lo negativo para mirarlo de frente, como recordaba Macy, pero a la vez tomar conciencia de todo lo positivo, para sentir gratitud por el valor inmenso de lo que me rodea: los paisajes y la cotidianidad que temí perder, y que ahora disfrutaré con mayor fruición. Darme cuenta de mi fragilidad y mi vulnerabilidad ante el temor de que se pudieran perder cuestiones que forjan mi propia identidad y que a veces damos por sentadas. Este incendio me ha permitido, en fin, escuchar lo que todas esas emociones – miedo, incertidumbre, rabia, pena, esperanza al saber que no todo se ha perdido- me cuentan de mí misma, de mis necesidades y prioridades, de mis raíces y lo que soy en esencia. Recuerdo una lectura que me marcó profundamente hace unos meses: el libro Las emociones de la Tierra, del filósofo australiano Glenn Albrecht. Este libro tiene como objetivo fundamental analizar qué significa vivir en el Antropoceno, como tiempo autodestructivo, y qué respuestas emocionales tienen los humanos ante la magnitud de los rapidísimos cambios (y crisis) biofísicos y sociales que se están produciendo, para transitar a lo que él llama el “Simbioceno”, un concepto muy similar al “Gran Giro” de Macy del que hemos hablado antes. Albrecht me enseñó términos como “emociones terranascentes”, las que experimentamos cuando la vida florece a nuestro alrededor y que se manifiestan como una ética del amor, el cuidado y la responsabilidad ante la protección de la vida, y otros como Solastalgia, un término creado en 2003 para describir la experiencia existencial de angustia, dolor y desconsuelo ante un cambio ambiental negativo, que nos afecta y se siente como un ataque al sentido del lugar (topofilia) al que uno pertenece. Ver uno de mis territorios arder me ha generado una solastalgia de la que aún me estoy recuperando para ponerme en camino hacia la acción regenerativa. Compartir con los lectores esta solastalgia, sin embargo, me sirve para honrar el dolor. 

Reconexión con los demás. El incendio de este verano ha sido, para mí, una inesperada oportunidad para reconectarme con otras personas. La larguísima noche del desalojo, desubicados y vulnerables en el polideportivo, sintiendo sin embargo la importancia de tejer y reforzar los lazos humanos. Reconectarme con los vecinos de mi pueblo, con los que he hablado de cuestiones que quizás nunca habríamos compartido: los temores, la incertidumbre, qué hace cada uno para evitar que la angustia y los fantasmas de lo peor le asalten; recuerdos de cómo era el monte tiempo atrás, cómo se organizaban las huebras en los pueblos para trabajar juntos y de forma desinteresada por el bien común haciendo desbroces y cortafuegos, o cómo se avisaba a la ciudadanía en caso de conatos de incendio. Tranquilizar a los más jóvenes y acompañarlos en su inquietud, como sucedió con Christopher, con Hugo, con mi propio hijo pequeño, Fran. 

Reconectarme con habitantes de los otros pueblos desalojados como nosotros, a los que quizás conocía de vista pero con los que nunca me había parado a hablar. Conocer y conectar, en muchos planos, con esa madre de mi edad, que me cuenta la historia de su hijo, recién egresado en Bilbao de una FP de Técnico Superior en Coordinación de Emergencias y Protección Civil y que sueña con quedarse a vivir en la España Vaciada, en la tierra de sus abuelos, pero que no consigue un contrato laboral estable que se lo permita, porque mantener todo el año las brigadas de prevención, para el consejero de Medio Ambiente de Castilla y León, “es absurdo y un despilfarro”. Que cada lector saque sus conclusiones.

El incendio también ha supuesto una oportunidad para conectar con el esfuerzo, la generosidad y la empatía de los muchos voluntarios de Cruz Roja que nos acompañaron en las horas más inciertas; de ciudadanos anónimos que abrieron sus casas para que las personas más mayores o las familias con niños no tuvieran que dormir en las camas de campaña; y me ha permitido, por fin, conectar con personas que aman profundamente el territorio, como Borja Barba, que nos ha estado informando puntualmente de todo lo que iba sucediendo desde sus redes sociales, con rigor, con veracidad, con equilibrio, con sinceridad cuando tenía que reconocer que estaba roto al ver arder nuestros pueblos y montañas, pero que confesaba haber llorado de alivio al saber que nos permitían volver del desalojo forzoso, porque la situación estaba ya controlada. 

Ese Borja que, días más tarde y poniéndose en camino hacia la acción regenerativa, convocó una manifestación en Cervera de Pisuerga el 26 de agosto.

Borja Barba leyendo el manifiesto de la Manifestación “Arde la Montaña Palentina” en Cervera de Pisuerga. Fotografía cedida por Roberto Díez Pérez.

Borja sabe, tal como dicen los amigos de Altekio en una reciente entrada de su blog, que “Tejer comunidad es cultivar resiliencia. La regeneración no es solo restaurar lo dañado y reforzar los vínculos entre personas y con el planeta; también es reimaginar futuros posibles y activarse para caminar hacia ellos. Es volver a mirar la tierra y nuestras relaciones con ojos nuevos.” Joanna Macy aplaudiría las palabras y las intenciones de unos y otros; apoyando tanto a los compañeros de Altekio como a Borja y quienes le acompañan en sus proyectos para devolver la vida, la cultura y la esperanza a la España Vaciada.

Se me ocurre que, en las aulas, podemos trabajar con el alumnado esta reconexión con ellos mismos y con los demás para hablar no solo de lo sucedido este verano con los incendios, sino de cualquier otra inquietud sobre ese mundo que les duele, a través de estrategias como los círculos de diálogo, tan utilizados en las prácticas restaurativas, y seguir también la espiral de Joanna Macy para ponernos juntos en camino hacia la práctica de la esperanza activa, y así concretar su capacidad de agencia y transformación a través de metodologías activas como el Aprendizaje-Servicio.

Reconexión con la Naturaleza. Finalmente, esta experiencia ha supuesto para mí una reconexión fortísima con el territorio y sus características; entender con el corazón y el cuerpo, y no solo con la mente, la identificación potente que tengo con él, sentir que somos uno. Una identificación que siempre ha estado ahí, pero en la que quizás no había pensado tan intensamente, sino cuando se ha producido la amenaza certera de una pérdida que me perdía de mí misma. Me ha permitido valorar la vuelta a casa y a mis paisajes con todos los sentidos; sentir los olores cotidianos que a veces se nos pasan desapercibidos, salir del silencio de ultratumba que amedrentaba y volver a escuchar los trinos de los pájaros, una vez pasado el peligro inminente. Contemplar el cielo despejado y la Vía Láctea cruzando sobre nuestras cabezas; caminar cerca de los pinares arrasados y sentir alivio al detectar corzos vivos, aunque desorientados, por la zona. Aprender más sobre la resistencia al fuego de las diferentes especies vegetales y arbustivas, y miles de detalles más que invitan a ponernos en camino para regenerar y sanar. Sentir en los profundo, en fin, qué significa la Teoría Gaia, enunciada por James Lovelock y apoyada posteriormente por la bióloga Lynn Margulis: nuestro planeta no es un mero astro en el que, casualmente, se dieron condiciones para la vida y del que podemos extraer sin fin, sino que más bien se comporta como un sistema, como un único ser vivo capaz de autorregular las condiciones esenciales que mantienen dicha vida y que busca la homeostasis. Lo más importante, para mí, de esta teoría, es que nos vuelve a recordar que el ser humano es uno más entre todos los seres que habitan Gaia; nos insiste en nuestra interdependencia y ecodependencia, y nuestra responsabilidad para no alterar negativamente este equilibrio. Como educadora, siento la responsabilidad inmensa de transmitirlo a mi alumnado durante este nuevo curso escolar.

Ilustración de Susana Vázquez Tavares

Así que, desde esta entrada de blog extraña, pero sanadora y terapeútica para mí, te invito a que pongas en práctica este curso la Pedagogía de la Reconexión y que compartas en tus comentarios cómo vas a ponerte en camino. 

Category iconAprendizaje y emociones,  Educación, entorno y sociedad,  Proyectos que inspiran Tag iconCulturas regenerativas,  Ecoansiedad,  Educación Humanista,  Emociones de la Tierra,  Esperanza Activa,  Glenn Albrecht,  Gran Giro,  Interser,  Joanna Macy,  Pedagogía de la Reconexión,  Solastalgia,  Teoría Gaia

Logo de Eva teba

Soy Eva Teba, docente, investigadora y socia fundadora de Educando. Soy una apasionada de la Educación.
Leer más ...

Reader Interactions

Comments

  1. Sonia says

    04/09/2025 at 19:55

    Muchísimas gracias por este post tan luminoso, profundo y orientador. Tomo tu ánimo para aplicar en mis aulas estos temas tan necesarios y espero con pasión y agradecimiento tu libro acerca de Pedagogía de la Reconexión, no me cabe duda de que será una valiosa guía para nuestros tiempos. Gracias, gracias, gracias

    Responder
    • Eva says

      04/09/2025 at 20:25

      Gracias a ti, Sonia, que eres impulso y pasión por esa «educación con sentido» que defendemos en Educando, y que nuestros tiempos convulsos necesitan. A seguir trabajando, brindo contigo por ese futuro esperanzador por el que ya estamos en marcha.

      Responder

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Primary Sidebar

Eva Teba

Soy Eva Teba, docente, investigadora y socia fundadora de Educando. Soy una apasionada de la Educación. Leer más...

Sígueme

  • LinkedIn
  • Twitter
  • YouTube

Categorías

  • Aprendizaje y emociones
  • Educación, entorno y sociedad
  • En movimiento
  • Evaluación
  • Innovación
  • Organización educativa
  • Proyectos que inspiran

Artículos recientes

  • Más compasión, menos juicio
  • Educando para la regeneración del territorio: un post sobre incendios, educación y Pedagogía de la Reconexión.
  • Al niño lo educa la tribu II
  • Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y Aprendizaje Cooperativo (AC), un excelente maridaje para trabajar en pro de la inclusión en las aulas. 
  • Escuchar para enseñar: balance de la segunda jornada “Para mirarte mejor”

Etiquetas

Agenda 2030 algoritmo aprender a aprender aprendizaje cooperativo autoestima autorregulación ceguera ética comunicación efectiva conectividad Congreso Educativo COVID-19 crianza crianza respetuosa Culturas regenerativas Debate educativo disciplina positiva DUA Educación Humanista Entornos VUCA equidad educativa evaluación docente fake news filosofía FOMO Fratelli Tutti helicopter parenting hiperconexión hiperpaternidad hipervigilancia infodemia Innovación Learnability ODS pandemia phubbing polarización social postureo postverdad redes sociales resiliencia segos de confirmación Sostenibilidad teoria de la autodeterminacion Transformación Educativa UnLearn Education
¿Quieres hablar conmigo?

Escríbeme un mensaje

Contacta conmigo

Footer

649 83 10 33
hola@evateba.com

Sígueme en mis redes sociales

Sígueme en mis redes sociales para estar al día de todas mis publicaciones:

  • LinkedIn
  • Twitter
  • YouTube

Condiciones legales

Conoce los aspectos legales de esta página en estos enlaces:

Política de privacidad
Política de cookies

Copyright © 2026 Diseñado por Atómica creativa

Esta web utiliza cookies para mejorar tu experiencia, y para ello instalará en tu navegador cookies analíticas y publicitarias propias y de terceros si continúas navegando. En este enlace tienes más información. Aceptar
Política de privacidad y Cookies

Privacy Overview

This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary
Siempre activado
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Non-necessary
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.
GUARDAR Y ACEPTAR